Este es el blog de la Asociación de empresas del duranguesado para la comunicación los retos e iniciativas de las empresas y emprendedores de la comarca de Durangaldea.

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A finales de los setenta conocí una pequeña empresa – jurídicamente una S.L.-  de mecanizado con una decena de trabajadores. Sus dos socios propietarios, intentando ser coherentes con unos valores de justicia social que muchos habíamos interiorizado en aquellos años del tardofranquismo y la transición, propusieron a los trabajadores trasformar aquella sociedad limitada en una cooperativa, y que se incorporaran, evidentemente, a una nueva posición personal y laboral en la empresa.

 

Los trabajadores rechazaron la oferta. Posiblemente sucedieron aquellos años, y también en años posteriores, situaciones semejantes; y salvo aquellas en las que, por el riesgo de disolución de la empresa, los trabajadores se vieron obligados a asumir parcelas de responsabilidad y riesgo antes de ser abocados al desempleo, son muy escasos los ejemplos en los que dejamos los espacios de confort que encontramos en el modelo tradicional de empresa vertical. Tradicionalmente, en especial en las pymes industriales, las responsabilidades de los patronos-propietarios, con todas las ventajas e inconvenientes que conlleva, no han sido compartidas ni deseadas por el resto de personas de la organización.

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Sorprende que en tiempos de bonanza económica, donde la verticalidad de las organizaciones empresariales se tolera y promueve por parte de todos sus actores, apenas se hayan ensayado en el mundo industrial nuevos modelos de organización interna más transversales y colaborativos que mitigaran, desde una mayor corresponsabilidad, los despilfarros físicos, intelectuales (la capacidad de innovación de todos) o emocionales (menor conflictividad). Y sorprende aún más que, en situaciones de crisis feroz como la actual, el escenario laboral del tejido industrial de nuestras comarcas se dilucide desde los parámetros de una “lucha de clases” decimonónica que ni existe, ni sirve para analizar la realidad con objetividad. Y que cohabita además con un mundo paralelo, el del cooperativismo vasco, que ha demostrado, con sus carencias y sus imperfecciones, que otros modelos organizacionales son posibles y que el imaginario del que se nutren sospechosamente aún los sindicatos clásicos -patrones y trabajadores filosóficamente enfrentados- no sirve en el siglo XXI.

 

Observando la globalización del mundo y las políticas neoliberales que han golpeado el péndulo de la historia hacia un capitalismo sin apenas contrapesos, es difícil pensar en un escenario socio laboral que posibilite  estos cambios en las organizaciones empresariales que aporten  equilibrio y justicia social. Algo más posible, en cambio, promover esta cultura de cambio en entorno determinados como Durangaldea u otras comarcas próximas en las que, fuera del particular fenómeno del cooperativismo vasco, el pequeño empresario de nuestros talleres y organizaciones industriales, mucho más asemejado a un trabajador autónomo que al poderoso patrón deshumanizado de tiempos pasados, ha convivido y compartido con los trabajadores un recorrido vital y social significativamente distinto a los análisis simplistas que han vuelto a inundar las opiniones de unos y de otros.

 

El movimiento sindical, clave e indispensable en la consecución de los derechos sociales de las personas, en general, y de los trabajadores en particular, debe reinventarse y leer el mundo desde un prisma más adecuado a una realidad social que necesita imperiosamente nuevas organizaciones más horizontales donde imperen la cooperación y la corresponsabilidad de todos sus miembros. Al empresario, por su parte, todavía parapetado en el estatus que le aporta su emprendizaje o el de sus antecesores, le queda un camino largo para despojarse de aquellos tópicos que atribuyen al trabajador en general una actitud hostil al cambio y a la participación. Nada que simbolice mejor la organización empresarial vertical que el propio nombre y la gestión que se realiza en los Departamentos de “RRHH”.

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Los nuevos Modelos de Negocios,  su continua revisión y actualización, van a ser -lo están siendo ya en los sectores más innovadores- elemento nuclear en las nuevas organizaciones empresariales. El sector industrial manufacturero que conocemos, aunque de modo más lento por su componente de fabricación de piezas de poco valor añadido, también avanza inevitablemente hacia nuevos Modelos de Negocio que le permitan adecuarse a los nuevos tiempos. Nuevos Modelos de Negocio que nos van a exigir, y de modo urgente, nuevos modelos de organización donde las personas, con sus muy distintas capacidades y responsabilidades, no serán un “recurso”; sino una espina dorsal equilibrada, competitiva y solidaria. Se echa en falta que se inicie, al menos, el debate.

 

 


Categorias: deeaed, Durangaldea, General

Un comentario hasta ahora.

  1. Estoy totalmente de acuerdo con el planteamiento del artículo y creo que muchas organizaciones han ido dando avances en esta dirección, si bien es cierto, que son avances lentos donde es importante que se tenga claro para que avanzamos.

    Mientras leía el post constantemente me venía a la cabeza un cuento de Jorge Bucay, el elefante encadenado (http://www.youtube.com/watch?v=GrPabK-N6NE). Para plantear un verdadero cambio necesitamos establecer el camino y la estrategia. En esta línea me parece muy interesante hacer mención al criterio 3 y sus subcriterios (modelo EFQM), así como el estándar Investors in People, centrado en cuáles son las claves para trabajar desde la perspectiva personas.

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